16 May 2021

TERAPIA FLORAL INTEGRATIVA. Una terapia bachiana, humanista y transpersonal.

Para los Terapeutas Florales Integrativos

Una primera definición

La Terapia Floral Integrativa (TFI), es una terapia humanista y transpersonal, que resulta de integrar: naturaleza, recursos de encuadre, técnicos, internos, de actitud terapéutica y otros sistemas florales, a la teoría, la práctica y el espíritu del Dr. Bach.

Aprender el sistema floral del Dr. Bach es un enorme recurso y nos convierte en Terapeutas Florales, en conocedores y dadores de este precioso sistema floral. Las flores de Bach nos permiten acompañar por caminos sencillos, próximos, como el ámbito familiar, amigos y conocidos en situaciones puntuales, leves y dramáticas. Pero, lo sabemos los formadores, el recorrido se hace corto si no se sabe de navegaciones largas, de proceso, del tiempo de la transformación, y del cómo orientarse en el mar.

Recuerdo que hace más de 20 años, sentí el dolor de romper con la simplicidad perseguida por Bach(1) para hacer lugar a la afirmación: Las esencias florales son simples pero las personas no, somos complejas.

Para dar respuesta a esta complejidad en la relación entre paciente y terapeuta que, no abordada, se convertía en un obstáculo para la expansión de la virtud de las esencias florales, sentí la necesidad de incorporar nuevos saberes a los recursos de la Terapia Floral al uso. Así nació la Terapia Floral Integrativa, la cual viene adoptando su propia forma desde 1998 hasta llegar a este escrito en 2021. Largo fue el proceso de integración, realizado por prueba y selección de lo que se ajustaba al objetivo como para quedarse o salir de su práctica y definición.

El saber de la práctica que integra la TFI a la Terapia Floral, es una suma: conversación terapéutica(2) + fórmula floral = proceso de transformación. La transformación entendida como la expansión del amor a la vida, de la biofilia, objetivo bachiano por excelencia.

La TFI integra un tipo de conversación terapéutica que nos permite ver lo que necesitamos para formular asertivamente, mientras apoyamos el proceso del paciente de devenir en sí mismo. Cada esencia floral que aparece, revela qué elaborar en consulta junto al paciente (los enfoques posibles); vale decir, surge una esencia floral y con ella una indicación de lo que allí se cuece, cuestión que determina una orientación clave para la siguiente intervención transformadora. Esto nos permite largos recorridos, transitar por caminos complejos o no transitables por la terapia floral al uso.

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¿De dónde provienen esos saberes adaptados al encuentro floral? Fundamentalmente, de la relectura de la Obra de Bach desde la mirada y la actitud del humanismo de mediados del siglo pasado y de lo Transpersonal. Una relectura siempre en transformación.

Una terapia humanista y transpersonal

Decíamos más arriba que la TFI es humanista y transpersonal. Sí, el objetivo de la terapia floral integrativa es el amor y la unidad con el todo, comparte esto con Bach, con el humanismo y lo transpersonal. La compasión, la disponibilidad, la curiosidad por la forma y el fondo del otro, el profundo interés por la calidad de la relación, la valoración de lo virtuoso (lo bueno, lo bello y lo verdadero). No deseo repetirme, ya he escrito sobre lo transpersonal en el Tratado completo de Terapia Floral (Edaf, 1999).

La TFI es humanista porque se inscribe en el cultivo del amor como sentimiento necesario en la relación con el otro. El amor es lo que cura, esa corriente cálida entre paciente y terapeuta. Los terapeutas florales integrativos lo llamamos: la emergencia en el vínculo y el proceso terapéutico de las 7 cualidades de la curación: Paz, Esperanza, Alegría, Fe -que es confianza-, Certeza o Seguridad, Sabiduría y Amor.

La mirada TFI

La TFI incorpora también el agudo enfoque asistencial del humanismo. Una mirada atenta que desnuda los conflictos o “defectos” bachianos: «orgullo, crueldad, odio, egoísmo, ignorancia, inestabilidad, codicia e idolatría». La TFI mira desde ese compromiso con Bach que desviste de imposturas porque anhela la autenticidad. ¿Cómo miramos?

Es la nuestra una mirada que usa todo el cuerpo para mirar: que observa, siente, sensaciona e intuye lo que pasa allí en el paciente, y aquí entre nosotros. “Conciencia, instintos e intuición”, dice Bach. Desarrollamos esta indicación bachiana.

Una mirada que entra a la sombra porque “la entraña de lo oscuro es luminosa” (Pablo D´Ors. 2021). Que se detiene en los pensamientos que le impiden al paciente vivirse, a sí mismo y al otro. Para que pueda emerger el “pensamiento que construye, el pensar desenredado, el que estimula a estar vivos, uno que no paraliza sino que moviliza (…) Un pensamiento que despierta la experiencia que transforma una vida.” (D´Ors)

Una mirada que señala los huecos, lo indiferenciado, lo que no tiene sentido para el paciente ni para el TFI, que se enfoca en lo sutil de la sensación, los sentimientos, el proceso de contacto vibrante con lo que hay. Así el paciente va configurando su fondo, eso que precisa para que desde allí emerja su ser quien es; no otro, no lo que le gustaría, no lo que le dijeron (familia, instituciones, propaganda o publicidad), sino el fondo de sí. ¿Cómo? Desde una actitud que cuestiona pero que luego recoge al que sufre frente a nosotros, porque sabemos que en el cuestionamiento aparece la angustia, el miedo a ser quien soy y a estar con lo que hay.

La actitud TFI

La TFI es transpersonal porque fija su objetivo en la “Unidad con el Todo” bachiana. La unidad con el todo interna y externa (la diferenciación es arbitraria y paradójica pero útil para explicarme).

  • Interna, porque hablamos de una Unidad con lo que yo soy, un yo diferenciado del ideal de mi misma, porque la transformación pasa por abandonar la idea de lo que quieres llegar a ser para ser lo que eres. ¡Ah! La trampa del que nos busca para cambiar. El paciente viene para que nosotros lo ayudemos a ser como su ideal de si mismo. Un despropósito que entraña toda una complejidad que vamos desmontando mientras construimos el vínculo que sana. No es tarea fácil esta de desmontar lo que apenas lo sostiene mientras creamos vínculo. Sí, los primeros tiempos son pura desilusión: sólo siendo quien eres puedes devenir, al fin, en alguien distinto.
  • Externa, es decir, la Unidad con lo que hay de mi piel hacia fuera. Con cada ser de la naturaleza, humano, animal, vegetal, mineral. Con la otredad. Pero una unidad dentro de la que puedo diferenciarme, un NOSOTROS en el que hay un YO y un TU capaz de diferenciarse. Tal es el requisito para que la Unión total no sea una pura confluencia, un pegoteo, un como sí de unidad, sino una Unión de la que puedo entrar y salir, fundirme y despegarme. Una saludable “dialéctica entre la autonomía y la homonomía o ser parte de una unidad más grande que uno mismo” (P. Lichtenberg)
¿Cómo aprendemos esto?

Esta mirada y actitud las aprendemos en los distintos espacios de formación, que son:

  • La experiencia con la naturaleza. Recuerdo estas palabras escritas por Bach en Libérese Ud. mismo, cap. 6 (1932). “Si estudiamos la naturaleza, encontraremos que cada criatura, pájaro, árbol y flor desempeña un papel determinado, posee su propio, definido y peculiar trabajo que realizar, con el cual ayuda y enriquece a todo el Universo. Cada gusano, cumpliendo con su trabajo cotidiano, contribuye a drenar y purificar la tierra; la tierra nos suministra la nutrición de todas las cosas verdes; a su turno, la vegetación sustenta a la humanidad y a toda criatura viviente, enriqueciendo al suelo a su debido tiempo. Sus vidas están llenas de belleza y utilidad.” Y esto se hace de nuestra carne y huesos en la experiencia de la elaboración de una esencia floral.
  • Los recursos de encuadre que son la definición del marco temporal, espacial y económico del espacio para la relación que hay entre tú y tu paciente. Un encuadre que aporta estabilidad, regularidad y seguridad allí donde sucede la transformación. Sin ellos no hay proceso, no hay un campo seguro preparado para la transformación del defecto en virtud.
  • Los recursos de actitud aplicados a la conversación terapéutica floral: el silencio, la escucha, la observación, las repeticiones y señalamientos, las preguntas que abren -que se quedan resonando, que tienen infinidad de respuestas-; la reflexión sobre lo que tratamos; la aptitud para dejarse modificar; las vías asociativas; los ajustes creadores de nuevos sentidos; el reconocimiento de las voces internas, del cómo se habla a sí mismo el paciente; el acompañamiento del sueño, del trauma, del cómo hacer lugar a sentimientos, sensaciones y mente; la aptitud para restar fuerza a las defensas, esas interrupciones del contacto consigo mismo y con lo otro; y el modo de valorar la transformación y concluir el acompañamiento floral.
  • Los recursos técnicos: “El Círculo de vínculos significativos” y el “Árbol Genealógico Floral”, que responden al imperativo bachiano de liberarnos de las influencias del entorno. Los collages y los dibujos, que son un modo de abrir la conversación con el consultante, sea adulto, niño o una familia. Meditaciones guiadas, el cultivo de la atención al presente. Y la construcción de una fórmula floral que recoge toda esa inmersión, esa extensión. Imagina las fórmulas florales que se constelan en el campo de tal relación terapéutica. Imagina esta asertividad al servicio de la salud integral. Imagina una mirada, acompañada de una actitud, que observa, describe, analiza, integra y formula la ausencia de deseo, el dolor de vivir en la ignorancia de sí y del otro.
  • Los recursos Internos se construyen en la formación en línea o presencial en un marco grupal en el que se transmite la teoría de nuestra práctica y se aprende del otro. En el proceso terapéutico floral didáctico que nos prepara para la presencia junto al paciente, para un estar atento a nuestras defensas, mandatos y guiones de vida obsoletos. O los elaboras y sanas poniéndoles conciencia, o no habrá un proceso sanador mutuo, nuestro objetivo fundacional, como el del Dr. Edward Bach. En la supervisión y co-visión, que es la última etapa del aprendizaje transformador. Un entorno didáctico en el que todo el recorrido se integra. Allí dirigimos la mirada hacia lo inadvertido, la luz y la sombra, las dudas e inseguridades, los procedimientos, los recursos de intervención necesarios o imprescindibles; y las esencias florales: cuáles, por qué y para qué.
  • Y los otros sistemas florales que abarcan nuevas temáticas, preocupaciones que emergieron a lo largo de los 90 años que siguieron a Bach. Las que toca la Flower Essences Society, o esencias de California: la unidad del yo desestructurado, la sexualidad gozosa interrumpida, la más amplia consideración de las complicaciones del aprendizaje, la inhibición de la creatividad y de su materialización en el mundo, las oscuridades del límite con la muerte y lo transpersonal. Y otro sistema, el de las Orquídeas del Amazonas que abren al ejercicio de lo que llamamos Terapia Floral Integrativa transpersonal.

La terapia floral integrativa es un camino que integra lo mucho que sabemos de los seres humanos gracias a la psicología, las psicoterapias personales, transpersonales y la ecología (3). Y esta integración capacita y entrena al Terapeuta Floral para que, de la mano de las esencias florales y la filosofía bachiana, acompañe a otro ser humano por su camino de encuentro y  sanación de sí mismo,

Gracias por tu atención.

 

Notas al pie:

(1) A lo largo de toda su obra (en particular a partir de 1930 y en sus comunicaciones en 1936) podemos encontrar esta y otras similares referencias a lo simple de sus remedios:  «…es por su simplicidad que las personas pueden encontrar y preparar sus pro­pias medicinas y curarse a sí mismos y a los demás de sus males». Escrito de setiembre de 1936. Obras Completas, editorial Océano Ambar.

(2) La TFI llama “conversación terapéutica” a la comunicación necesaria para producir entre el consultante y el terapeuta, una relación sanadora. Que abre a la conciencia de ambas personalidades y dictados del alma. Capaz de disolver el sufrimiento por la vía de la resignificación y la aceptación de lo que hay y de lo evitado.

(3) La ecología el sentido de un cultivo de unas relaciones ecológicas con uno mismo, con el otro y con el mundo