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TFI Transpersonal: la conciencia del corazón

La transición desde la propia subjetividad del TFI hacia una dimensión que la trascienda constituye un pilar fundamental en el ejercicio de la terapia floral integrativa y, en general, en el acompañamiento humano.

Ego y conciencia transpersonal en consulta

La estructura del ego resulta funcional para la dimensión operativa del terapeuta: es el motor que impulsa la formación académica —proceso que exige integrar la experiencia que se pretende transmitir—, la gestión de la consulta y la comunicación profesional de su labor. Sin embargo, al iniciar el acto de acompañar a otro ser humano en el reconocimiento de sus sombras y potencias, el terapeuta ha de aprender a situarse en ese espacio de lucidez que emerge justo en el límite donde la identidad personal se abre a la conciencia transpersonal.

Transego, más allá del ego
Transego, más allá del ego. Foto: Alfredo López Sánchez. TFI

En este estado, que se sitúa más allá de la biografía individual, el “yo” experimenta una disolución de su firmeza habitual, un fenómeno perceptible para quienes nos dedicamos a este oficio. Emerge entonces la hospitalidad del corazón, una disposición esencial que sostenendremos durante el encuentro para acoger, de forma incondicional, los contenidos que brotan en el campo vincular. Este proceso no carece de complejidad; demanda un trabajo terapéutico personal profundo para identificar las intrusiones del ego -manifestadas como miedo, ira, duda o juicio- y un entrenamiento constante para observar sus efectos en la dinámica relacional, ya sea a través del repliegue, la impulsividad o la inseguridad del TFI.

Dinámicas del ego y riesgo de desconexión

Cuando surge la incertidumbre, el vacío de respuestas o la proyección cruzada entre consultante y terapeuta, la expansión de esa acogida cordial se ve amenazada, provocando una contracción en el profesional. En ese instante, la capacidad de sostén se reduce y sobreviene una desconexión que altera la relación del terapeuta consigo mismo y, por extensión, con el paciente.

Esta pérdida de la visión clara suele derivar en dificultades en el vínculo y en fallos en la interpretación terapéutica, tales como:

  • Formulaciones proyectivas: Se atribuyen al paciente contenidos que pertenecen a la estructura psíquica del terapeuta.

  • Formulaciones carentes de empatía: Se produce una incapacidad para sintonizar con el sufrimiento del consultante debido al repliegue defensivo del profesional.

  • Ausencia de criterio clínico: La percepción se nubla, perdiendo la objetividad necesaria para una intervención coherente.

La práctica requiere, por tanto, un retorno constante a esa presencia extendida, donde el terapeuta deja de ser el centro para convertirse en un canal facilitador del proceso de sanación.

Práctica para realizar en consulta 

Para restaurar la conexión apoyándonos en la conciencia del presente, podemos recurrir a la respiración consciente como vía hacia la interiorización y el silencio.

Inspiro, y llevo mi atención a lo que sucede en mi cuerpo, en mis emociones y en mi mente… Hago un espacio para acoger lo que hay, sin juzgarme, sin hacer nada más que observar mi respiración, sin intentar modificar lo que siento o “sensaciono”.

Me anclo en congruencia con el aquí y el ahora, reconociendo: “¡Ah! Esto es lo que siento ahora… Lo siento, entonces”. No evito la experiencia, no intento desembarazarme de mi inseguridad o contracción, y tampoco me enredo pensando sobre ella.

Vuelvo a inspirar, creando un espacio interior vacío de expectativas en la conciencia de mi corazón. Un centro que no juzga, no selecciona ni rechaza, sino que todo lo aloja. Noto cómo, poco a poco, emerge una paz: la paz de la aceptación de lo que hay justo en este preciso instante.

Y reposo en esa paz… sí… Siento esa paz mientras retomo el contacto compasivo y resonante con el cliente. Y, en silencio, le agradezco por haberme dado la oportunidad de expandirme con conciencia de mí misma y de la suya.

Susana Veilati

La conciencia del corazón
La Conciencia del Corazón. Sierra de Gredos, primavera de 2016. Con Silvia Rojas.

Susana Veilati y Silvia Rojas