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Dependencia sana en terapia: del yo prestado a la autonomía

Resumen:

El paciente no viene solo a “hablar de sus problemas”, sino a encontrar un espacio donde la realidad vuelva a ser pensable y habitable. En Terapia Floral Integrativa, el terapeuta cumple durante un tiempo esa función que faltó: ayuda a ordenar la experiencia, a poner ritmo, a distinguir lo propio de lo ajeno, a traducir lo que se vive por dentro cuando aún no hay palabras ni un registro claro. Hablamos de acompañarlo mientras aprende a sostenerse, a escucharse y a orientarse en el mundo con mayor claridad. Cuando esa función es suficientemente buena, deja de ser necesaria: lo que primero se apoya en la relación terapéutica empieza a aparecer fuera de la sesión, en la vida cotidiana, como capacidad propia.

Préstamo de estructura, no dependencia

Esto no debería confundirse con una dependencia tóxica del terapeuta. Es más bien un préstamo de estructura: un yo auxiliar (Winnicott, 1965-2013) que se construye en el espacio TFI y que permite al paciente mirar la vida con una claridad que, de momento, aún está aprendiendo a sostener por sí mismo. En esa fase, el terapeuta también presta regulación. En ese momento, funciona como:

  • brújula emocional
  • contenedor
  • filtro de la realidad
  • referencia -siempre- temporal

El paciente no delega su autonomía. Lo que aún no tiene afinado es la función ejecutiva: sostenerse, orientarse, priorizar, dar forma, decidir con claridad cuando está activado.

Carlos Nemirovsky, al explicar a Winnicott, lo formula con acierto:

“El bebé necesita de sus objetos para integrarse, para vivir en su cuerpo (personificarse) y para tomar contacto con la realidad (realizarse). Frente a estas necesidades es el objeto maternante quien cumple las funciones de sostén, manipuleo y presentación adecuada de la realidad.”

Esto es lo que Winnicott llamó presentación del objeto: la posibilidad de que el mundo vaya llegando al sujeto de forma dosificada, comprensible y humana. Que la realidad no irrumpa ni desaparezca, sino que pueda ser reconocida, sentida y, poco a poco, ir haciéndose propia.

“Contigo pienso mejor”: una fase de crecimiento

Por eso a veces aparece esa frase que tantos pacientes dicen: “contigo pienso mejor”, o “estoy mejor que cuando entré”. Lejos de ser una entrega ciega, suele ser una etapa de crecimiento en la que, por primera vez, el adulto recibe la ayuda que no tuvo de pequeño: alguien que acompaña, orienta y le sirve de modelo interno para organizar su mundo. Es como aprender a conducir con alguien al lado antes de salir a la carretera por tu cuenta.

Cómo se ve esta etapa en la práctica

Esta fase se nota en circunstancias muy concretas.

Cuando necesita tu mirada para orientarse

Aquí encajan muy bien las crisis Cerato. A solas, Cerato suele vivirse como un bucle: dudo de mí, busco fuera, me contradigo, me pierdo, y cuanto más busco, menos me encuentro. Acompañado por un TFI, esa misma crisis se vuelve legible. No se trata de elegir la respuesta correcta, sino de recuperar el registro interno, paso a paso. El terapeuta presta pausa, orden y criterio para que el paciente pueda notar qué le pasa, qué necesita y qué parte de sí está tomando el mando. Cerato deja de ser confusión crónica y se transforma en aprendizaje de escucha propia. Más información sobre Cerato, pulsa aquí

Cuando hace falta un apoyo intenso ante un desmoronamiento

Hay momentos de fuerte apoyo cuando el dolor es real y todo tiembla. Por ejemplo, cuando aparecen indicadores como Sweet Chestnut, Gorse o Chicory agravados, o Star of Bethlehem.

Cuando el terapeuta piensa primero

En algunas fases, tú piensas primero y el paciente sigue tu trazado. No por incapacidad, sino porque todavía está aprendiendo a organizar su experiencia sin desbordarse.

Cuando por fin logra ordenar lo que siente gracias a tu presencia

Y hay momentos muy valiosos en los que, por primera vez, el paciente solo  consigue ordenar lo que siente y necesita porque está acompañado de una manera que no invade y no abandona.

Por qué esta “delegación” no se cronifica

En quienes no tuvieron la primera guía de sus cuidadores, lo que parece una delegación excesiva del paciente al terapeuta: es una fase necesaria para poder crecer, no representa peligro. Y la clínica lo muestra una y otra vez: llega un momento en que el paciente deja de apoyarse así, sencillamente porque ya no lo necesita. Lo que ha aprendido en el espacio terapéutico empieza a aparecer fuera: ahí se ve la integración.

Esta etapa dura lo que tiene que durar y luego se desvanece sin esfuerzo. La dependencia buena, porque también existen otras que no lo son, se afloja sola cuando esa función prestada ya ha sido incorporada.

Cuando el trabajo terapéutico cambia de nivel

Y entonces, si el proceso continúa, toma otra forma: un lugar de reflexión más serena, de exploración conjunta, de afinar matices y comprender la propia vida sin urgencia ni sostén prestado. Un espacio donde ya no se busca apoyo para caminar, sino compañía para pensar, para darse cuenta y seguir afinando la propia mirada.

Y es aquí donde, como decía una de mis primeras supervisoras, empieza la terapia en un sentido más profundo: cuando baja el ruido inicial, se afloja la angustia, y la persona ya no viene solo a apagarse incendios, sino a entenderse, a elegir y a construir una vida más propia.

 

Referencias:

Winnicott, Donald W. Procesos de maduración y el ambiente facilitador. Barcelona: Paidós, 2013. ISBN 10: 9501241742. ISBN 13: 9789501241747.

Nemirovsky, Carlos. Winnicott y Kohut. La intersubjetividad y los trastornos complejos: Nuevas perspectivas en psicoanálisis, psicoterapia y psiquiatría. Buenos Aires: Ediciones Biebel, 2017. Versión Kindle.  Para más detalle sobre la exposición clínica y teórica de este libro, consulta la Ficha en Google Books: Winnicott y Kohut de Carlos Nemirovsky.

Ilustración de portada: Van Gogh, V. (1890). Primeros pasos (después de Millet) [Pintura]. Metropolitan Museum of Art, Nueva York, Estados Unidos.

Terapia Floral Integrativa