21 Nov 2021

Morir de vergüenza

Es la primera consecuencia del pecado de Adán y Eva mencionada en el Génesis.
Antes “… estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, y no se avergonzaban» (Génesis 2:25). Luego “…conocieron que estaban desnudos y cosieron hojas de higuera…” (Génesis 3:7).
Vemos el íntimo vínculo entre ser visto, la vergüenza y el cuerpo y sus genitales. Cuando experimento vergüenza ningún árbol con todas sus hojas alcanza para cubrirme, deseo desaparecer mientras me hago aun más visible: me pongo roja. Una excitación interrumpida colorea mi rostro. Siento vergüenza de tener vergüenza.
El robo de la inocencia
La vergüenza es un tipo de interacción que se produce cuando una o varias personas ignoran, definen, reprochan o degradan a otra. Un fenómeno de la relación ligado a la falta de reconocimiento de la propia experiencia y del derecho a ser y estar, conmigo y contigo así como soy, en inocencia.
Está presente en la mayoría de las dificultades en relación, en la ansiedad, la depresión, las adicciones, los trastornos de la alimentación… Una de las primeras intervenciones que propongo al paciente, es que se percate de cómo se avergüenza a sí mismo y, en las terapias de pareja y de familia, que observen cuánto, cuándo y cómo aparece en el campo relacional el impulso sádico de avergonzar al otro. Trato como fui tratada (pensemos en la transmisión multigeneracional de la vergüenza).
No nacemos avergonzados, la familia, la escuela, la propaganda y la publicidad se encargan del modelado: “Eres tonto” “inútil” “inepto”, “imperfecto” “frágil” “débil” “estúpido y vulgar”; algo así como “no eres lo suficientemente bueno para ser amado, quedas excluido de la tribu”. La amorosa conexión y el buen apego son interrumpidos o nunca creados. En su lugar, se instala un hondo sentimiento de soledad que es brutal en la vergüenza. En ella conviven una intensa necesidad de relación con iguales ganas de desaparecer:

Si queréis saber por qué no he dicho nada, bastará con averiguar lo que me ha forzado a callar. Las circunstancias que rodean al hecho y las reacciones del entorno son coautoras de mi silencio. Si os digo lo que me ha ocurrido, no me creeréis, os echaréis a reír, os pondréis de parte del agresor, me formularéis preguntas obscenas o, peor aún, os apiadaréis de mí. Sea cual sea vuestra reacción, bastará con hablar para sentirme mal ante vuestra mirada.» Boris Cyrulnik en Morirse de Verguenza (1983) Ed. Debate.

Estos y otros temas los estudiamos a lo largo de todas nuestras formaciones
Susana Veilati
Ilustración: Adan y Eva (1909). Suzanne Valadon