21 Nov 2021

Fallas éticas en la terapia floral

Estas líneas fueron escritas 12 años atrás pensando en nuestro oficio terapéutico. Deseo hacerlas extensivas al marco de la ética de todas nuestras relaciones. Veremos que esto sucede dentro y fuera de nuestra consulta.

El peligro de la ignorancia

Hablar de ética es decir algo sobre lo que no es ético, algo que hasta el momento enmarcamos en torno a la falta de formación, de terapia floral personal y revisión de nuestro trabajo con los pacientes. Evidenciemos algunas acciones no éticas comunes a nuestra práctica, no sin antes comentar que poca es la gente que las comete por maldad, sino más bien por desconocimiento, falta de formación, de terapia personal y revisión constante del propio trabajo clínico.

Pero que no sirva lo anterior como disculpa sino que sea una alerta ante lo que Bach llama el peligro de la ignorancia. Ignorancia que puede ser definida como el conjunto de defensas que los terapeutas -florales o no- interponemos entre nosotros y la conciencia de nos, veamos algunas:

  • orgullo, que nos impide admitir nuestros defectos, que son de los otros;
  • fantasías omnipotentes y de superioridad respecto a que con nuestra habilidad podremos llegar a dominar cualquier cosa;
  • resistencias a la intimidad, proximidad, continuidad y compromiso que dificultan la creación y sostenimiento de un vínculo terapéutico;
  • vergüenza acompañada de dudas de que pueda hacerse algo positivo por nosotros;
  • fantasías de dependencia del terapeuta y del proceso;
  • trivialidad, en el sentido de núcleos de frivolidad, que nos empujan a exigir una máxima cuota de libertad y permisividad, una adolescencia demasiado prolongada.

Este conjunto de defensas que llamamos como Bach: “ignorancia de la personalidad respecto de los dictados del alma” puede ir acompañada de una débil disposición a ser tratada. El problema es que esto afecta la relación con nuestros pacientes y por lo tanto el progreso de estos últimos.

6 fallas éticas relacionales

Veamos algunas de las formas que este oscurecimiento de sí suele adoptar en la consulta privada del terapeuta floral. Enlacemos a esencias florales estas fallas para verlas, y vernos, con mayor definición. Hablaré de 6 fallas éticas, no son las únicas sino las que hoy desarrollaré:

    1. La falla ética Vervain
    2. La falla ética Vine
    3. La falla ética Rock Water/Beech
    4. La falla ética Chicory
    5. La falla ética Heather
    6. La falla ética Impatiens
1. La falla ética Vervain: Fundamentalismo e imposición de valores propios al paciente.

El Vervain positivo sabe que no sabe, así es que abre espacios para aprender de sí, es dueño de sus ideas pero no está poseído por ellas (Octavio Paz, 1995). Es curioso, se entusiasma con cualquier narración, incluso la más banal. El terapeuta cae en el estado Vervain negativo cuando cree saber lo que es mejor para el paciente, intenta convencerlo, se indigna cuando no obtiene el consentimiento del paciente para una acción, y renueva su pasión convencedora cuando el paciente no ha hecho “lo convenido”. El terapeuta cae en estados Vervain negativos cuando pierde la neutralidad ante decisiones del paciente que son contrarias a su propio sistema de valores y creencias que da por buenos para sí y para su paciente. El terapeuta desarrolla los aspectos positivos de Vervain al respetar las opiniones de sus pacientes que se basan en una historia y contexto propios y diferenciados.

  1. La falla ética Vine: falta de respeto por la voluntad del paciente

El terapeuta floral tiene una posición privilegiada respecto a su paciente, es un personaje importante en su vida emocional; habremos de evitar abusos y transgresiones que dicha posición de poder favorece.

Seamos conscientes a continuación de los modos en que podemos caer en estados negativos Vine al ejercer intimidación sobre los pacientes: a través de diagnósticos, pronósticos, confrontación, estimulando unas partes de la narración del paciente y reprimiendo otras, usando un lenguaje inapropiado, siendo crueles en las observaciones, avergonzando, utilizando al paciente con fines personales, pidiéndole favores, faltos de compasión, seducción sexual, incorrecto manejo del tiempo y los honorarios. Esta profesión pide una bondad elemental de la que nunca se tiene suficiente. Todos somos vulnerables.

  1. La falla ética Rock Water/Beech: la formulación de juicios de valor y estéticos

Juzgar es emitir sentencia. La sentencia es apropiada para los tribunales, pero en el marco terapéutico denota la dificultad del terapeuta floral para tratar con lo diferente, cuestión imprescindible a la hora de asistir al paciente en el reconocimiento de los dictados de su alma. Alma que no es la del terapeuta floral, sino otra, distinta, y que bien refleja la expresión Yo no soy tu; veamos quién eres.

El terapeuta cae en estados negativos Rock Water/Beech cuando se ofrece como ejemplo al paciente, cuando dice qué es bello y feo, bueno y malo, verdadero y falso; cuando no acepta que la ambigüedad y la contradicción están presentes en toda la experiencia del paciente y le solicita comportamientos coherentes, lógicos, normales y se alarma porque el paciente “No se abre” “No produce material” “No profundiza”.  En fin, el terapeuta no se deja modificar por lo que el paciente dice, quiere que el paciente diga otra cosa, es decir, no puede trabajar con lo que hay… se rigidiza.

  1. La falla ética Chicory: la maternalización del rol terapéutico floral

 La relación terapéutica floral tiene mucho de lo mejor de Chicory: escuchamos el padecimiento del paciente, lo recogemos (holding), conversamos con él sus dificultades procurando descubrir nuevos sentidos y, además, damos una fórmula floral que será extensión del vínculo terapéutico y pacificará su angustia. La terapia floral es generosa.

La expresión terapéutica positiva de rasgos Chicory es el maternaje terapéutico:

  • Facilidad para despertar en el paciente la confianza básica en el vínculo terapéutico a fin de que elabore su sufrimiento
  • Cuidado genuino y amistoso

Pero tener lo mejor de una esencia floral implica que lo peor acecha y, en el caso de Chicory es la maternalización de la relación terapéutica floral, veámoslo.

El terapeuta floral cae en la maternalización Chicory cuando trata al paciente como a un niño de pocos años, lo consuela, lo mima, abraza y acaricia, le aconseja, lo consiente, lo protege tratando de preservar sus relaciones e incluso lo “salva” de sus propias e inmaduras decisiones, lo reprende y culpabiliza cuando no cumple con sus expectativas, le muestra cuan experto es y cuanto lo necesita el paciente, programa las sesiones: lo que dirá, preguntará, cómo lo sentará, qué trabajaran esa sesión (esto es una falla técnica): una visualización, una relajación. Publica o expone cartas de agradecimiento por parte de sus pacientes donde muestra lo bien que lo hace (esto es una falla estética).

El terapeuta cae en estados negativos Chicory cuando tiene sentimientos de ser muy importante en la vida del paciente, la convicción de tener prerrogativas o privilegios sobre él, como si el paciente fuera una extensión del terapeuta así es que rechaza cualquier intento de liberación por parte de aquel.

  1. La falla ética Heather: incontinencia de la soledad y angustia de la actividad terapéutica floral

La nuestra es una profesión solidaria pero solitaria que nos mantiene a diario en contacto con el peso del desamor, el odio, el sufrimiento y la enfermedad de nuestros pacientes. Difícil es que no aparezca la tensión psíquica en el terapeuta floral. Esto lo lleva a buscar un confidente próximo para compartir sus inquietudes.

El marido y los amigos no pueden ser los interlocutores de las dificultades del terapeuta floral con sus pacientes. Cuando ello sucede es indicio de que se necesita terapia floral personal y supervisión profesional a efectos de descubrir y colocar esencias en donde el terapeuta floral ha resbalado junto con su paciente.

El terapeuta floral cae en estados negativos Heather cuando no está garantizando el mantenimiento del pacto de secreto con el paciente, la confidencialidad. Un criterio para hablar de los pacientes es hacerlo como si ellos estuvieran presentes en el marco de una supervisión profesional grupal o individual.

Otros estados negativos Heather son la revelación de emociones íntimas o sexuales del terapeuta al paciente, la extralimitación de confidencias, la extensión de las consultas en el tiempo (no se respeta el horario prefijado y se llega a estar dos horas o más con un paciente), o que el terapeuta floral y paciente sostengan intercambios sociales permanentes. No es aconsejable una distancia impenetrable tipo Water Violet, se pierde empatía; pero tampoco la incontinencia verbal o actitudinal propias de focos Heather no resueltos. Se pierde capacidad de escucha.

  1. Impatiens, la prisa por obtener resultados

La actitud terapéutica positiva de Impatiens es la velocidad para pensar ideas y establecer asociaciones respecto a la vida del paciente y a las esencias florales así como intervenir concisa y brevemente desde donde no lo espera el paciente invitando al asombro y la curiosidad, que es decir interés.

El terapeuta floral cae en estados negativos Impatiens cuando pretende que el paciente confíe, se exprese con mayor libertad, recuerde, profundice o se extienda sobre aspectos de sí en los primeros tiempos del tratamiento floral. El paciente recurre a nuestra consulta justamente porque es esto lo que no puede gestionar. Que el paciente “se abra” sería un buen deseo si nuestra práctica fuera la de la confesión, algo propio de sacerdotes o policías. El sujeto confiesa lo que le pesa y lo descarga en la comisaría o el confesionario; se ha abierto. Pero regresa al mes siguiente por una nueva penitencia para el mismo tropiezo. Nuestro objetivo es que no repita, no por la vía de la expiación o la condena, sino por la del saber de sí… Esto lleva tiempo. La prisa denota impaciencia terapéutica, falta de memoria respecto al tiempo que a uno mismo le ha llevado darse cuenta de sí (si se ha tomado ese tiempo), así como un modo literal, es decir convencional, de entender la actividad terapéutica más como un proyecto de arqueología del paciente que como una narración que desencadenar. El terapeuta floral reduce así su foco a la búsqueda de la causa, como un eslabón perdido que hay que encontrar para que el estado actual del individuo tenga explicación. Esto está bien para el paleontólogo pero no para el terapeuta floral. Se trata de una falla técnica, denota, como mínimo, falta de formación, una confusión entre verdad histórica y verdad narrada. Lo primero es lo que sucedió, lo segundo es cómo le afectó al paciente. Nunca coinciden.

El amor a la clínica

Hasta aquí he expuesto someramente algunos núcleos a concienciar puesto que facilitan nuestro deslizamiento hacia fallas técnicas, actitudes no éticas o poco estéticas.

Estos indicadores egocéntricos que gratifican nuestras necesidades de poder y grandiosidad que nos dejan desbordados, cansados y sin recursos. Se trata de excesos narcisistas presentes en todos los seres humanos en distinta medida, bajo diferentes formas, Sólo pueden elaborarse apropiadamente en la terapia floral personal y en la supervisión de nuestro trabajo. No reconocer esta ceguera respecto a los propios fallos y por lo tanto la necesidad de conversarlos con un terapeuta cualificado, es negar el mismísimo lugar terapéutico que deseamos ocupar. Como si dijéramos “la terapia floral vale, pero sólo si otros son los pacientes”.

Si el amor a la clínica puede ser definido como el establecimiento de un modo respetuoso de relación, estos desajustes éticos propios de nuestro orgullo e ignorancia de los que habla Bach, merecen nuestra atención y reflexión personal y profesional.

Y por último, todos hemos navegado y rozamos aún estas grietas. Rellenarlas es nuestro trabajo dentro y fuera de la consulta.

Gracias por tu lectura.

Por Susana Veilati. TFI.

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Extracto actualizado (2021) de la ponencia presentada en el Congreso de Terapia Floral (2005) en Benalmádena, España: «Fallas éticas, estéticas y técnicas en Terapia Floral»

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