El lenguaje como herramienta de pacificación en Terapia Floral Integrativa
Un objetivo central del proceso terapéutico es que el paciente aprenda a hablarse a sí mismo con amabilidad, ternura y compasión. Al cultivar esta mirada interna, se siembra la posibilidad de extender esa misma actitud hacia el otro y, por extensión, hacia el ecosistema que habitamos.
La herencia del discurso descalificador
El maltrato psicológico que nos infligimos es, sin duda, una herencia del trato recibido en los núcleos primarios, instituciones educativas y otros espacios de socialización. Por ello, uno de los pasos ineludibles en consulta es invitar al paciente a que escuche activamente su propio discurso interno y observe la resonancia emocional que este genera mientras se pronuncia.
La deconstrucción de la tragedia personal
Al detenernos en la narrativa de la consultante, es frecuente hallar expresiones cargadas de una fatalidad paralizante: “soy un desastre”, “estoy desbordada”, “me siento hundida”. Son términos que evocan tragedias absolutas.
Desde el rigor clínico, procedemos a desmontar estas estructuras. Les recordamos que un desastre es un terremoto; un desbordamiento, el del Nilo; y un hundimiento, el del Titanic. Ante tales magnitudes, el sujeto queda reducido a la impotencia, pues es imposible intervenir sobre eventos de escala catastrófica.
De la indefensión a la agencia
Es imperativo señalar la forma en que el paciente elige describirse: una narrativa donde se experimenta a merced de fuerzas incontrolables y ciclópeas que le devuelven a una fragilidad infantil. En este estado, la persona suele habitar una desesperanza profunda (Gorse) o una parálisis aterrorizada (Rock Rose o Mimulus).
Al cuestionar estas metáforas —si no es un huracán ni un naufragio—, abrimos el espacio para que surja la verdad del paciente. Lo que aparece entonces es, invariablemente, algo menos trágico y, por tanto, algo que sí está en sus manos transformar con nuestro acompañamiento.
Desdramatizar para pacificar
Reducir lo catastrófico a un evento dimensionable permite que el malestar sea recogido, contenido y transformado. A este proceso lo denominamos “desdramatizar”, lo cual no implica de modo alguno ignorar el sentimiento dramático que el sujeto experimenta. Por el contrario, es la vía para acceder a los dos primeros estados de la curación según Bach: la Paz y la Esperanza. Es decir, la pacificación del conflicto y la restauración del ánimo que surge cuando lo deseado comienza a percibirse, finalmente, como alcanzable.
Susana Veilati. Terapeuta Floral Integrativa
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