16 Sep 2017

El Camino de la Naturaleza. Sendas en la Terapia Floral Integrativa.

Por Anais Jiménez y Susana Veilati

¿Quieres “escuchar a la naturaleza, tomarla y dejarte tomar por ella” en el privilegiado entorno natural de la sierra madrileña?. ¡Ven a caminar junto a nosotros!

“Bach, durante horas solía vagar por los senderos del campo o a lo largo de la costa absorto en sus pensamientos, y había llegado a ser más feliz y más sano de lo que jamás había sido”

Hubo dos grandes intereses en su vida: una compasión arrolladora por todos los que sufren, ya fueran seres humanos, pájaros u otros animales, y el amor a la Naturaleza, a los árboles y plantas. Estos dos intereses se combinaron para guiarlo al conocimiento de la cura que buscaba Nora Weeks, Los descubrimientos del Dr.Edward Bach.

Tan lejos de natura…

Nuestro alejamiento de la Naturaleza, es decir de nuestra propia naturaleza, está detrás de gran parte de las dolencias que nos aquejan como individuos y como sociedad. Y esto es razón que nos ocupa y preocupa.

Como Terapeutas Florales Intregrativos consideramos que “Uno de los principales propósitos de la terapia floral es reavivar la conexión vital entre el alma de la naturaleza y el alma humana”[1]. Una colaboración muy particular, que está presente en el origen mismo de nuestra filosofía, (o de nuestra propuesta terapéutica) y que nos recuerda “algo tan antiguo como que la Naturaleza tiene alma (viveza, espíritu, energía que impulsa, principio que da forma y organiza)”[2] y la transformamos en remedios sencillos, las esencias florales.

Volver a la naturaleza

La práctica en Naturaleza forma parte de nuestra formación desde hace más de diez años. Está presente desde el primer seminario, que habitualmente se realiza en un maravilloso espacio en la montaña, y nos proporciona ya un vínculo que nos acompañará para siempre. Un vínculo con nuestra intimidad más natural y profunda, con nuestra intuición, con la Naturaleza que cura.

“La curación con los limpios, puros y maravillosos agentes de la Naturaleza es seguramente el único método de todos los que aparecen ante nosotros, y en lo más profundo de nuestro yo interno, seguramente existe algo que afirma la verdad de todo ello…algo que nos dice que este es el camino de la Naturaleza, y que es el correcto” E.Bach

Este vínculo pide de nosotros un compromiso con el objetivo terapéutico de la terapia floral: “El amor real, la absorción en la Unidad”. Un compromiso transpersonal en el que “nuestra alma humana debe expandirse para incluir compasión y sensibilidad por el mundo en un sentido más amplio, tanto cultivando la conciencia social como cuidando de la tierra y de las demás formas de vida”[3] . En nuestra inmersión formativa como TFI orientamos nuestra mirada hacia esta capacidad sanadora del alma de la naturaleza y damos un amplio espacio a la experiencia de la elaboración de la esencia de una flor.

Los baños de bosque, Shinrin-Yoku

Además llevamos a la práctica otras dinámicas e intervenciones en/con la Naturaleza, entre ellas, nos convertimos en “caminantes” [4] que viajan a través del bosque, de sus sendas; lo que también es llamado “baño forestal” o “healing florest”. Esta práctica es en sí misma una terapia, y procede del término japonés Shinrin-Yoku, que podemos traducir como “absorber la atmósfera del bosque”. Es una práctica sencilla en la que nos acercamos al bosque a Ser, en consciencia plena, tomándonos tiempo para respirar profundamente, para desplegar todos nuestros sentidos y estar presentes. Su origen es muy antiguo, tanto en Europa como en Japón, en donde la inspiración proviene de prácticas budistas y sintoístas ancestrales (como el Shugendo y los Yamabushi), y donde, desde la década de los años ochenta, se realizan estudios científicos sobre su extraordinaria influencia sobre el cuerpo y el ánimo.

“Sólo en la relativa paz y quietud de los parques podía encontrar alivio, y solía permanecer sentado durante horas bajo los árboles de Regent’s Park hasta que su mente y cuerpo recuperaban fuerza y vitalidad” Nora Weeks

Es una vivencia se va instalando poco a poco, naturalmente, en nuestro cuerpo. Un camino que desandamos hacia nuestro verdadero Ser, un retorno. Anclamos lo aprendido en la experiencia, y el lenguaje que aprendemos está más allá de las palabras.

Nuestra propuesta: ¡salgamos a caminar!

“Bach fue un hombre que supo leer cuál era el mal de nuestra era, lo sufrió en sus carnes: el alejamiento de la naturaleza hasta sustraerse más y más de su impacto sanador”[5]. Ochenta años después seguimos igual, cuando no peor; por esto, desde la Escuela de Terapia Floral Integrativa queremos proponer una nueva serie de actividades, con un carácter lúdico y accesible, a cuantos quieran “escuchar a la naturaleza, tomarla y dejarse tomar por ella” en el privilegiado entorno natural de la sierra madrileña. Espera nuestras novedades!

 

[1] Flores que sanan, P.Kaminski

[2] Terapia Floral Integrativa. Recursos, actitud y valores en la consulta y enseñanza de la Terapia Floral, Susana Veilati

[3] Ibíd

[4] En el sentido alegórico que Bach nos narra en “Una historia de caminantes”,1934

[5] Ibíd, “Esto hoy tiene un nombre: síndrome por déficit de naturaleza (SDN)

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