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Más allá del síntoma: Lectura relacional de las esencias florales

Más allá del síntoma: una lectura relacional de las esencias florales.

Volver a los fundamentos

Reflexionar sobre nuestra práctica terapéutica nos devuelve a los fundamentos que sostienen el acompañamiento clínico con esencias florales.

Julian Barnard propone una sugerente analogía entre la ecuación de la fotosíntesis y el método solar de elaboración floral. En ambas aparecen los mismos elementos naturales, lo que invita a pensar que lo decisivo no está en la extracción de una sustancia, sino en la transmisión de una determinada cualidad de orden.

Dejar atrás la mirada mecánica

Durante la formación inicial solemos aprender los remedios florales mediante asociaciones directas: Mimulus con el miedo, Centaury con la dificultad para poner límites. Esta aproximación puede ser útil, pero la experiencia clínica muestra pronto sus límites.

Un mismo síntoma puede formar parte de organizaciones de la experiencia muy diferentes.

La pregunta deja entonces de ser únicamente qué siente la persona, para explorar cómo se relacionan entre sí los distintos elementos de su experiencia y qué sentido adquiere esa configuración.

La forma como significado

La preparación floral no busca extraer principios activos, como ocurre en la farmacología o la fitoterapia. Desde la hipótesis floral, la forma de la planta, su crecimiento y su relación con la luz, el agua y el espacio expresan una determinada manera de organizar la vida.

La forma botánica deja así de ser una simple apariencia para convertirse en una vía de lectura: una forma que contiene significado y que nos permite aproximarnos a una cualidad específica de organización.

El encuentro a través de la resonancia

La acción floral puede comprenderse mejor como un encuentro de resonancia que como una relación lineal de causa y efecto. En ese encuentro se ponen en relación dos órdenes: la organización expresada por la flor y una determinada organización de la experiencia humana.

La flor no vendría entonces a aportar aquello que falta ni a imponer un estado diferente, sino a acompañar la posibilidad de que lo ya existente encuentre otra manera derelacionarse.

El sentido de la organización

Aquello que aparece en consulta como bloqueo, dificultad o síntoma puede responder a una organización que posee un sentido propio, es más, una función. Puede haberse configurado para proteger, conservar, sostener, completar algo pendiente o responder a determinadas condiciones de la experiencia. 

La pregunta clínica cambia entonces profundamente: ¿qué intenta realizar, preservar o resolver esta forma de organización y qué movimiento queda restringido por ella?

Reorganizar no es corregir

El trabajo terapéutico no consiste en sustituir una emoción considerada negativa por otra positiva. La reorganización supone que los mismos elementos que forman parte de la experiencia puedan comenzar a relacionarse de otra manera.

Lo que buscamos es que la experiencia recupere grados de libertad: poder acercarse o separarse, recibir, pertenecer, elegir, permanecer, crear, atravesar o terminar allí donde anteriormente solo parecía existir una única respuesta posible.

Respetar la temporalidad del proceso

La persona constituye el campo en el que esta resonancia puede desplegarse. Pero ese movimiento no puede separarse de su propia temporalidad: solo podemos integrar aquello que, en cada momento, podemos permitirnos sentir y experimentar.

Por eso, en la Terapia Floral Integrativa, el acompañamiento terapéutico y la fórmula floral comparten un mismo horizonte: escuchar el movimiento que está tratando de emerger y favorecer las condiciones para que otra organización de la experiencia pueda hacerse posible, respetando profundamente el ritmo del proceso.