Breadcrumb Abstract Shape
Breadcrumb Abstract Shape
Breadcrumb Abstract Shape

Mi muerte, la tuya y la nuestra

Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Durero.

El acompañamiento en el duelo y la muerte nos sitúa ante una paradoja esencial: la consciencia de la propia finitud como herramienta de perfeccionamiento humano. Solo cuando aceptamos que nuestro tiempo también es limitado, podemos estar verdaderamente presentes para el otro; así, el miedo a la muerte se transforma en una forma más humana y honesta de cuidar.

La integración de la ausencia como motor de crecimiento humano

Me interesa profundizar en la muerte —la mía, la del otro y la colectiva—, asumiendo el temor pero apoyándome en la comprensión de que este tránsito es la única certeza que nos iguala. Reconocer que vuestras familias y la mía compartimos el mismo destino quizá suene a ejercicio de fatalismo, pero es un catalizador que nos permite habitar el presente con mayor integridad.

En la antesala del inicio de la formación en Terapia Floral integrativa, en el que doy un seminario sobre el duelo, mis pensamientos dan vueltas alrededor de este principio de separación. Este principio me recuerda que la identidad se construye a través del vínculo, pero también mediante la capacidad de soltarlo, integrando la ausencia como una nueva forma de presencia.

Recuerdo con nitidez las enseñanzas del padre Arnaldo Pangrazzi [1]sacerdote camilo, doctor en Teología Pastoral Sanitaria por el Camillianum de Roma, quien fue el primero en confrontarme con la realidad de mi propia desaparición. Tras más de tres décadas de oficio, conservo en la memoria los rostros de quienes acompañé hasta su último aliento; hay una cualidad sublime, casi sagrada, en la mirada de quien asume la inmediatez de su fin.

A lo largo de estos años, he observado dos manifestaciones del tránsito: la muerte definitiva y esa muerte en vida que atraviesan quienes se desvanecen junto a sus seres queridos ya ausentes. Ambas dimensiones exigen nuestra atención más honesta. Como bien señalaba Pangrazzi, el ser humano crece únicamente en la medida en que acepta creativamente la pérdida como una condición sine qua non para la vida.

Susana Veilati. Terapeuta Floral Integrativa

Ilustración de portada: El día de la Muerte, de William-Adolphe Bouguereau (1825-1905).

Referencias

Referencias
1 sacerdote camilo, doctor en Teología Pastoral Sanitaria por el Camillianum de Roma