3 Mar 2018

LOS SUEÑOS DEL PACIENTE. Primera parte

Quiero dedicar los próximos posts al abordaje de los sueños en la TFI.
El sueño es un relato inusual, enigmático, absurdo, embrollado, cargado de personajes y sentimientos que generalmente el consultante no sabe a qué atribuir o cómo relacionarlo con su propia historia. Se siente ajeno a su producción, como si más que el soñante fuera el soñado; o le da un sentido de premonición o acertijo; o de aviso de algo secreto, a veces terrible, que no recuerda pero sí sueña. Frente a esa película puede que el TFI experimente un cierto vértigo al escuchar tal extrañeza.
Comencemos a destrabar la experiencia con algunas ideas sobre dónde posar la mirada.
Para comenzar, el silencio y la memoria son dos buenos recursos para escuchar un sueño. El silencio, para ver qué dice inmediatamente después de narrarlo. Cuenta su sueño y hacemos silencio esperando lo que dice a continuación, como si de un síntoma físico se tratara. Esto nos señalará algo importante: con qué lo asocia de su existencia. La memoria es para recordar lo que venía diciendo justo antes de relatarlo: ¿A continuación de qué apareció el recuerdo de este sueño? El sueño es una continuidad en la narración del consultante, nunca es algo inconexo. (Algún día trataremos sobre la contigüidad en la narración: qué viene después de qué. Me río recordando el libro de Berne “Qué dice usted después de decir HOLA”. Pues eso.)

El sueño es una película en la que hace presencia lo inconsciente del sujeto, será muy interesante colocar esencias florales allí. ¿A qué aspectos del sueño llevamos nuestra atención para preparar la formulación floral? Hoy los menciono, en próximos post daré ejemplos:
– A las emociones y sentimientos presentes en su relato: “Pasé mucho miedo mientras se caía el avión”; a los cambios dentro del sueño de intensidad de la angustia; y a lo que siente mientras lo narra.
– A los personajes y al modo de vincularse con ellos el soñante: “Era el comandante de las fuerzas especiales de ataque el que me estaba dando órdenes y no me dejaba respirar”.
– Al escenario y su decoración: “Era un sitio árido, frío y oscuro”.
– Al guión del sueño: la historia que cuenta y a cómo complica o resuelve las circunstancias allí planteadas.
– A los recuerdos que el sueño le evoca, con qué lo asocia.
– A qué es lo constructivo de ese sueño.

Todo esto será material para la conversación terapéutica y la construcción de su fórmula floral.
Gracias por tu atención.

Óleo: La pesadilla, Henry Fuseli (1781)