La indecisión. Scleranthus.
24 Feb 2020

LA INDECISIÓN. SCLERANTHUS.

¿»Tomar una decisión» es una demanda viable para tratar? Mucho hay por debajo de «algo tan sencillo» como decidirse. Veamos qué pensar alrededor de ello y qué hacer después.

La indecisión* como evitación de la carencia

La indecisión es una detención, demasiada deliberación entre la motivación y la acción. Hay miedo allí, un aplazamiento temeroso de la ejecución.

¿Y si me equivoco?

Es posible.

¿Y si no resulta?

También es probable.

El dubitativo teme la frustración, no está preparado para la pérdida, la falta, la incompletud, la carencia. Con la indecisión escapa de la posible rotura, de la fragilidad de su propia criatura. No fracasa, pero tampoco acierta. No se pone en esto de cumplir un deseo. Ponte a ello y chocarás con lo que no hay, es así.

Y si fracaso? El indeciso no hace fracaso, se previene de él. Por otra parte, no diré que el fracaso es una oportunidad. Es una pérdida, duele y es triste. Uno tarda en reponerse de una elección incorrecta. Pero allí estás tu para estar contigo misma. Esta es la oportunidad del fracaso, la de acompañarte en el dolor. Pero el dudoso no se tiene a sí mismo como para recogerse más adelante si yerra en el acierto. No hay unas buenas y acogedoras manos propias que lo inviten al salto: “venga, arranca, que del otro lado estoy yo por si no te salen bien las cosas”.  Al dubitativo, un miedoso, le faltaron unos buenos abrazos y el consuelo a tiempo tal que hoy pueda ofrecérselos a sí mismo. Habremos de construir un buen soporte interior antes de que surja la decisión.

La indecisión como dificultad para gratificarse

Quiero A y B, esto y lo otro, la indecisión es una experiencia prolongada de avidez no saciada. Es ansia, anhelo, voracidad nunca satisfecha. Y pegada al hambre, claro, aparece la muerte. Prefiero morir de duda a perderme una opción, como el asno de Buridan que, indeciso de si comer uno u otro haz de heno, muere de hambre y a dos pasos de la feliz ingesta. Decidir es optar y elegir es perder algo… la codicia quiere todo para sí. Lo quiero todo o nada, dice el asno. La duda es una seria dificultad para preferir, decidir y así gratificarse. Es un tipo de tortura autoinflingida para impedir la posible experiencia de pérdida, pero también los sentimientos de aceptación, de satisfacción y gratitud. Tanto es el miedo debido a la dificultad para sostener la falta, la propia carencia. Así es que primero habremos de conectar al sujeto con su falta, que rellena de dudas, o no podrá pasar a la decisión y la gratificación, a la abundancia.

La resignificación de la duda

La duda, cuando se alarga, postula dos objetivos que se excluyen el uno al otro y eso crea dos disposiciones emocionales simultáneas y opuestas. Rara vez se resuelve por la vía de la decisión “Me quedo con esto”; sino más bien con un cambio de significado, un salto de la mente hacia algo que no había considerado (los observables impulsos de apertura de la conciencia que facilita Scleranthus). Un interesante ejemplo de esto es el divorcio. Una mujer dice “Quiero divorciarme, pero si me divorcio destrozo mi familia”, he aquí un conflicto Scleranthus. La persona se siente atrapada: no resiste más en esa relación y quiere salvar a su familia, dos disposiciones emocionales opuestas. Imposible decidir… pero posible de resignificar.

Familia no es pareja; la pareja es la que se divorcia, la familia continúa. Se trata de salvar las funciones: padre, madre e hijos; no la relación entre esta mujer y ese hombre que ha perdido sentido para ambos. Esto es una resignificación, la reorientación de un conflicto por la vía de un cambio de significado.

Scleranthus desarrolla la firmeza

Decir que Scleranthus ayuda a decidir no es del todo exacto, más bien disminuye la presión de la tortura de la duda que es un movimiento de vaivén, una inestabilidad que siempre apremia diciéndonos “decídete ya: o blanco o negro”. Aporta firmeza. Nos permite pensar en un marco de estabilidad que es donde mejor se piensa. Donde hay inquietud, vaivén, inestabilidad, no hay conciencia.

Acepto tratar tu indecisión con unas condiciones

Es por lo dicho hasta aquí que «Tomar una decisión» no puede ser una demanda que aceptemos tratar sin más. «Toma Scleranthus y te decidirás». Yo no me creo capaz de afirmar esto. Hay condiciones. Una es no apremiarte ni apremiarme con una urgencia. Tomémonos un tiempo. Si no puedes decidirte es porque hay que revisar el miedo, la carencia, la codicia, el para qué de torturarte.

Y si estás de acuerdo, entonces, podemos comenzar con lo que tu llamas indecisión.

Gracias por tu atenta lectura. Susana Veilati. Terapeuta Floral Integrativa

 

*“Indecisión”, como defecto. “Estabilidad” (Steadfastness=Firmeza/Mantenerse en un lugar), como virtud que desarrolla la esencia. Ambas son las “características” que Bach señala para Scleranthus (Bach, 1932).          

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