sexo y muerte
26 Jun 2016

El sexo y la muerte. De lo que no hablan los pacientes.

El sexo y la muerte son los temas menos abordados por los pacientes a lo largo de los procesos en Terapia Floral Integrativa. Esto he observado después de 30 años en el oficio y haber escuchado miles de vivencias. Colegas psicoterapeutas coinciden en esto conmigo, lo que aumenta mi asombro.

Cuando digo SEXO estoy haciendo referencia a la relación sexual conmigo y con el otro. Al estado de todo ello en mi vida: el gusto y el disgusto, la inseguridad, la torpeza, la insensibilidad, la indiferencia, el desfasaje entre el otro y yo, el no contacto con el ahora de mi cuerpo junto al del otro, al rechazo, las vergüenzas, las ganas, las preferencias, el ansia, las fantasías.

Con muerte no estoy diciendo enfermedad, envejecimiento, ni deterioro físico o mental con dolor o sin dolor. Estoy diciendo MUERTE: mi desaparición definitiva de la faz de la tierra. La tuya, la de todos mis seres queridos y la de los tuyos. La de todas las personas que ambos conocemos en estos momentos.

Sexualidad y muerte son los vivos ejemplos de la represión. De eso no se habla, es de mal gusto o corta el buen rollo. Sobre la primera se explayó a conciencia Focault en “Historia de la Sexualidad”, diciendo que su represión funciona como una condena de desaparición, pero también como orden de silencio, afirmación de inexistencia y, por consiguiente, comprobación de que de todo eso nada hay que decir, ni ver, ni saber.  Sobre la represión de la muerte elijo las palabras del psiquiatra y gestaltista Claudio Naranjo “Si verdaderamente sintiéramos que nos vamos a morir (no basta con saberlo), seríamos más buenos”.

Pero ahora prefiero hablar de sexo, por varias razones: porque buena parte de la neurosis (los “defectos”, o la incomprensión “entre el alma y la personalidad” dice Bach) van a parar justo allí, y atiendo a seres humanos tocados y hundidos en esas aguas. Porque estoy reflexionando sobre esto para poder dar cuenta de la clínica floral de California y Bach aplicadas a la sexualidad, y porque celebro que haya algunas esencias (pocas aún) que dan una discreta respuesta a tanto desconcierto.

Lo que lamento, y de esto me estoy encargando desde hace unos años, son las descripciones ñoñas, o culpabilizantes, o las que abundan en palabras como “anorgasmia” “frigidez” “impotencia”, con las que se pretende explicar una acción terapéutica floral. Como si estas palabras nos dijeran algo útil para la clínica. Lo que hacen es patologizar, que es decir, continuar con la represión del contacto más íntimo, comprometido y desconcertante que circula entre los seres humanos.

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